C.E.R. CHIRIMOLLO

La escuela estaba ubicada anteriormente en la finca denominada Doña Rita, propiedad del doctor Bernardo Giraldo, por deslizamientos en el terreno, se optó por reubicarla en la finca del señor Arturo Botero. Las educadoras que han laborado desde entonces en el Centro Educativo son: Carlina Valencia, Sixta Valencia, Lucía Mejía, Josefina Galvis, Celia Arango, Luisa Arango, Nohelia Hurtado, Teresa Ospina, Francisca Henao, Rosa Emilia Gil Colorado, Esther Julia Marulanda, Blanca Nubia Valencia Quintero, Belén Hincapié, Fabiola Ocampo, Luz Alba López, Belén Osorio, María Elsy Valencia Uribe, Magdalena Manrique Flórez, Sandra Ospina, Maryin Cristina Henao, Mónica Marcela Gallego, Carmen Rosa Álvarez, y en la actualidad Yenny Alexandra Castaño Acevedo y Jhon Jairo Hincapié Zapata.

Los datos de la nueva estructura del Centro Educativo Rural (CER) Chirimoyo se remontan a principios de la década del 70, como producto del auge económico de la vereda, en el sector agrícola, se consideró, entonces necesaria la construcción de nuevas instalaciones para cubrir la demanda educativa de la población, la cual era alta. En ese momento el Comité Departamental de Cafeteros, el Gobierno Municipal y la Acción Comunal, bajo la presidencia del señor Estanislao Galvis Agudelo unieron esfuerzos para edificar la actual sede, la cual consta de dos salones de clase; un apartamento con habitación, cocina y baño; un cuarto tipo bodega y los baños para los estudiantes, además se dispuso una zona verde con arcos de fútbol artesanales para la práctica del deporte, finalmente se encuentra un monumento religioso con imágenes católicas.

Cuenta el señor José Galvis Que desde el año 2010 las familias fueron creciendo y al mismo tiempo los jóvenes iban buscando nuevas oportunidades en los centros urbanos, en consecuencia, los padres vendían sus tierras, esto redujo ostensiblemente el número de habitantes de la vereda, y a la vez, la cantidad de estudiantes de la sede. Actualmente, desde una perspectiva cuantitativa el valor que se da al servicio académico en una población tan escasa (doce estudiantes al inicio del año 2022), puede ser exiguo, sin embargo, desde la óptica de la comunidad, tiene un valor enorme, porque para algunos estudiantes es la única institución asequible, y aún así deben caminar una hora para asistir a las clases. Otro aspecto de valor positivo que se evidencia en los testimonios de la comunidad, es la atención particular a las necesidades educativas de cada estudiante por parte de los docentes, lo que se convierte en altos niveles de aprendizaje en cada uno de ellos.

Actualmente los habitantes de la vereda Roblal Abajo, y en especial la comunidad educativa del CER El Chirimoyo, revela en sus discursos el optimismo de una vereda que renace en la interacción social,  en la actividad económica agrícola y la cultura, por ejemplo, algunos egresados y estudiantes actuales tienen proyectos de vida dentro de la misma vereda, en donde esperan producir frutos para el bienestar de sus familias y comunidad, otros desean prepararse profesionalmente para aportar desde su misión a los suyos.   

Así con la mirada puesta en el horizonte se desarrollan felizmente las jornadas académicas, en medio de actividades: artísticas, socioculturales, deportivas, científicas y literarias en una interacción armoniosa y cálida que ha generado resultados educativos satisfactorios en todas las dimensiones humanas de la comunidad educativa.  






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